Maipú, Shibuya.

Jueves 7 ᴰᴱ septiembre ᴰᴱ 2017
Ciro Noor

La semana que pasó recién estuve en Maipú. El hecho de estar ahí me trae ciertos recuerdos.

No hablo solo de nostalgia, si no de evocaciones de grandes momentos vividos y del inicio de un sueño.

Después que salí de mi casa en Pedro Aguirre Cerda, fui a vivir con mi hermana y mi sobrino al poniente. Llegué por el final del año 2008, cuando había dejado mis estudios de Producción Musical. Estaba agotado luego de tanto trabajo e incluso de desavenencias con mis ex-compañeros de la Universidad. Por lo tanto, necesitaba un lugar donde pudiera descansar y aprestarme para comenzar de nuevo. Vicky me asignó una habitación en el 2do piso.

Ese dormitorio estaba pintado y cubierto de un papel mural celeste que simulaba el cielo con sus nubes blancas. El cielo estaba pintado de color celeste, pero en un tono distinto. Ya que me iba a quedar por un tiempo indefinido en ese dormitorio, se me ocurrió la idea de pintarlo y arreglarlo para hacerlo más de mi agrado.

Lo primero era quitar una repisa de color rojo oscuro (un tanto molesta, la verdad) y quitar el papel mural. Era verano de 2014 y lo que no pude despegar jalándolo con la mano, lo hice con una mezcla de agua caliente y lavaloza, una esponja, y en algunos casos, con una plancha por encima para vencer el pegamento. Luego, emparejar los muros con pasta, colocar la gigantografía de Shibuya para el muro norte, pintar el cielo y los muros restantes de negro, colocar las repisas y los cartones para los posters sobre la puerta de la repisa (otro cacho fue pintar esas puertas).

Fue un trabajo gigantesco que consumió mis vacaciones, e incluso algunos días posteriores, pero el resultado fue hermoso.


Cuando sentí y pensé de modo distinto, fui distinto, e hice distinto mi entorno.

Pasé muchas noches de martes ese año escuchando a Klaudio PSX en Resident 40, y luego a Juliette (Camilita, mi amiga personal) en Hunter X Radio. Mucho tiempo rodeado de geekeria, como mis figuras de colección, mis posters ñoños, mi ropa de cama de Playstation, mi musica japo, mis videojuegos y mis series de animé (incluso me ví la temporada completa de La Pequeña Lulú ahí). Estudiaba con el Minna no Nihongo en ese lugar. Me sentí arropado por toda esa vorágine de geekerias, y empecé a plantearme el futuro con esa ñoñez. Fue ese lugar el sitio que sentí como mi hogar, más incluso que mi propia casa (para bien y para mal). En esa habitación realicé mi primer cover de japonés y grabé mi primer tema anisong. Mis primeras fotografías ñoñas fueron ahí, y el inicio de Ciro Noor tuvo lugar es esa habitación.

Ahora, distintas circunstancias me alejaron de esa habitación. Estoy mejor donde vivo hoy, pero no quiero olvidarme de ese pedazo de historia vivida, donde cambie un poco de mi entorno mientras cambiaba mi interior. Pero, en realidad, fue al revés: cuando sentí y pensé de modo distinto, fui distinto, e hice distinto mi entorno.

§

 

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