Por fin en Kame House Café

Cerca de un barrio por donde circulo habitualmente, un día de agosto de 2021, me fije que algo había cambiado en la fachada de una casa esquina frente al metro Salvador. Se trataba de la Casa Dagorret, que data de 1935 y fue redescubierta y atribuida al arquitecto Luciano Kulczewski recién el 2016. Es un edificio de estilo Art Noveau y forma parte del paisaje del sector.

¿Qué cambió? Había sobre la puerta de ingreso un letrero de madera con letras troqueladas que decía «Café Kame House». Y a través de la puerta transparente se podía apreciar la pintura de los muros: esta era negra sobre fondo blanco, dibujaba y achuraba distintos personajes de animé, como el abuelo de Gokú en Dragon Ball.

Y detrás de la misma puerta se podía leer el texto manuscrito de un papel blanco que decía algo como «apertura: lunes 16 de agosto». No abrirían antes de esa fecha, pero abrirían. Me puse contento sabiendo que Providencia tendría vecinos otakus. Así que quise ir a darles la bienvenida el lunes, y con ese ánimo me fui a casa.

El lunes estuve ocupado por razones de trabajo, y fui el martes. Lamentablemente estaban cerrando pero me permitieron tomar unas cuantas fotografías antes de irme. El local era bonito y la decoración era eminentemente otaku. Pese a no haber podido quedarme, me fui con una buena sensación. El barrio del metro Salvador tendría un vecino otaku y quería apoyarlos.

Más adelante, en plena época de pandemia del Covid-19 traté de acudir (por noviembre, creo). Traté de entrar para la hora del té, pero las mesas estaban ocupadas. Habían medidas de aforo y por lo tanto, solo aceptaban a unas tantas personas cada ciertos metros. Además solo aceptaban reservas, no admitían por orden de llegada. Y como además estaba solo, me insinuaron que no les convenía recibir solo a una persona que ocupara una mesa, pudiendo recibir más gente. Lástima. En el fondo tenían razón. Ya habría una próxima oportunidad.

Intentaba procurármela acudiendo al linktree del café para agendar una hora para mi visita, pero los horas disponibles para mi eran laborales, y las posteriores estaban casi todas reservadas por alguien más. Debí armarme de paciencia y seguir intentándolo.

La próxima oportunidad vendría en Junio del año entrante. De vez en cuando me reúno con mis amigos Arigatos, sobre todo con aquellos con los que tenemos afición por la música como Hernando y José. Me convocaron para una junta el 11 de junio y acordamos juntarnos. El objetivo era conversar de música, de nuestras vidas y reírnos un poco.

Aquel sábado, primero fuimos a Goemon, un restorán japonés en Manuel Montt. Ahí comenzamos a hablar de nuestras vidas y lo que queríamos hacer en la música. Luego, caminamos un poco por Providencia y decidimos cerrar la junta en Kame House.

No hubo problema para entrar, pues ya habían permitido el ingreso por orden de llegada desde hace algún tiempo. Y me sentí aliviado de no tener que dar explicaciones respecto de ir solo, pues íbamos tres. Entré y volví a fijarme en los personajes que estaban en los muros. Eran muchos personajes de animé, y estaban presentes en todos los muros. La música que sonaba de ambiente también era de animé. Ya estábamos acomodados y el personal iniciaba la recopilación de nuestro pedido: José pidió un chocolate caliente, un Jolyne (jarabe de frambuesa con agua mineral, té chai y salsa de frambuesa) y más tarde un Aisuti (te helado). Nando pidió un rollito de canela con un chai latte con leche vegetal. Yo me incliné por un te negro más un cheesecake sin azúcar.

Mientras hablábamos, disfrutábamos del ambiente bien otaku y de la música de fondo, comentando algunos de los track que sonaban de fondo. Llegaron los platillos y las bebidas. Mis amigos disfrutaron sus delicias, aún con las especificaciones de leche vegetal de mi compadre Nando. Por mi parte, el cheesecake estuvo agradable, suave, fresco y dulce sin estar hostigoso. Y el te era de buena calidad. Una conversación de amigos en un ambiente cómodo y con buena música fue lo que obtuve. Una experiencia disfrutada hasta el final.

Y lo anterior hizo que me picara el bichito por volver. Quería volver pero solo, para apreciar si la experiencia era similar a la de la junta. Debí esperar hasta enero del año 2023 para tener una nueva oportunidad. Pero no era por aforo o por reserva. Había estado ocupado y no pude darme una vuelta por el café como hubiese querido. Volviendo a enero, fue una improvisación: acababa de salir de mi jornada de trabajo. Volví a Kame House, pero esta vez a la terraza. La terraza aunque un poco estrecha, también tenía su decoración de animé y había sido cerrada para impedir que la gente se colgase desde las rejas. La garzona me atendió con prontitud una vez instalado. Cuando volvió, tomó mi pedido: un taiyaki (biscocho japonés con forma de pescado) con helado y frutas y una leche con plátano. Mientras volvía con la comanda, me dediqué a contemplar el ambiente y revisar mis redes sociales.

Luego, la mesera volvió con el pedido. El taiyaki estaba esponjoso y dulce. El helado y la fruta aportaban el dulzor y frescura necesarios para afrontar la época. Y la leche con plátano estaba dulce, fresca, agradable y sabrosa. Mientras escribo estas líneas, quiero volver a pedir la misma comanda. Se me hace agua la boca.

Al final, una vez disfrutada la experiencia, me permitieron tomar fotografías de los muros del café. Y ocupé el baño que también tiene decorado de animé. Grata la jornada una vez más. Pagué la cuenta y me fui contento de vuelta a mi hogar.

Es cierto que mis primeras oportunidades en el café no fueron afortunadas, pero ser paciente valió la experiencia. Es un lugar acogedor, agradable y con gente amable y atenta. Y más aún en un lugar patrimonial como lo es la Casa Dagorret en plena Av. Providencia. Yo recomiendo a los lectores pasar una velada acá. Se disfruta mucho, aún no necesariamente siendo los comensales unos otakus. Es ideal.

PD. En marzo de 2023, mi hermana mayor acudió al café, sin que se lo recomendara, y le fascinó. La decoración, la música, la comida… Todo fue una grata experiencia para ella. Por eso, reafirmo lo que escribí acá respecto de este local.

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