Ese enorme puente llamado pandemia

Estábamos a fines del 2019. El estallido social (al cual aludí en esta entrada) había hecho bastantes estragos en mi aún convaleciente salud emocional. Ver esas imágenes por televisión del desorden, el caos y no reconocer a mi país y a mi ciudad me revolvía el estómago. Sin embargo, nada me preparó para lo que venía.

A fines de este año, y entremedio de los intentos de normalización ciudadana, llegaban desde Asia noticias de un virus poderoso con el potencial de ser mortal. De hecho, se pensaba que era peor que la anterior gripe porcina (2009). Pero como era algo que estaba aconteciendo en China, yo no le di tanta importancia, y de hecho pensé que los mismos chinos, con toda su tecnología médica y su capacidad de trabajo, lo terminarían controlando y no se expandiría más allá de unas pocas ciudades en el gigante asiático. Eso, pese a todas las alertas respecto de su capacidad de contagio y su rápida expansión en Asia, fenómeno estudiado por muchos científicos internacionales, quienes hicieron cundir la voz de alerta. Y con todo, no le tome tanta importancia y preferí no alarmarme. Todo va a estar bien, pensaba.

Pequé de optimista.

Sacerdote ofreciendo un servicio religioso a distancia, por las medidas para prevenir el COVID-19. Fte: Wikimedia

Empezaron a llegar noticias desde otras partes del mundo entre fines de 2019 y principios de 2020: Estados Unidos, Francia, Alemania, Japón, India, y otros países estaban sufriendo los estragos de este virus. Muy rápido en expandirse, de asombrosa capacidad para contagiar, potencialmente mortal y sin cura conocida. Pese a que científicos de todo el mundo estaban trabajando en una cura, iban contrarreloj pues cada día se recibían noticias más alarmantes. Los científicos habían bautizado este virus como primero como NCOV-19, y la prensa hablaba de la ‘Neumonía de Wuhan’. En febrero del 2020, la OMS clasificó la enfermedad como Respiratoria, y la nombró COVID-19. COVID es un acrónimo en inglés de ‘COronaVIrus Disease’, o Enfermedad por Coronavirus. El 19 es por el año de la aparición del paciente cero, presumiblemente en el Mercado Mayorista de mariscos de Wuhan, en China, que fue el 2019. Ya no era epidemia: más bien se hablaba de pandemia, recalcando su alcance global. Y en Chile estábamos rezando para que nuestro país se mantuviera al margen el mayor tiempo posible, cuando en marzo de 2020 aparece el primer caso de un contagiado local, internado en el Hospital de Talca.

A partir de ahí, debimos acostumbrarnos a las recomendaciones de los especialistas. Lavado de manos frecuente, evitar el contacto de las manos con el rostro, mantener una distancia mayor a 1 metro con cualquier otra persona y el uso de mascarillas en espacios cerrados fueron algunas de estas. Pero mientras el fantasma de la rebelión civil en Chile se iba apagando, se cernía sobre nuestras cabezas uno tan terrible como aquel: la posibilidad de entrar a un régimen de encierro residencial, en la cual se nos impidiese salir de nuestras casas. Ya no por motivos de seguridad ciudadana, si no para evitar un posible contagio mortal y una expansión dramática del virus.

El fantasma del encierro pasó a ser una realidad a partir de marzo del 2020. Desde ahí, y por orden presidencial, se implementaron cuarentenas territoriales totales en sectores de mi país —Chile—, para intentar contener el contagio. De acuerdo a este plan, la gente debía limitarse a quedarse en sus casas y salvo excepciones, no podían salir. Desde julio, el plan se flexibilizó para permitir aperturas y desconfinamientos graduales a nivel comunal —por territorios alcaldicios— de acuerdo a la tasa de contagios por habitante y a la capacidad de la gente de mantenerse en sus casa. Se debió privilegiar el teletrabajo y el estudio telemático, a través de internet.

¿Como fue mi reacción a todo esto?

Las medidas de confinamiento me pillaron en Maipú, y por lo tanto, y siguiendo la recomendación de mi familia, me quedé ahí. Fue un proceso en el que traté de ponerme al día con mi trabajo y con las redes sociales que administraba desde casa. Y además, realizar labores de cuidado del hogar, que nunca venían mal. El proceso sería largo, asumí, así que debía despreocuparme y seguir la corriente. Trabajo, hogar y redes sociales era visto todo desde mi escritorio y mi notebook.

La primera mención a la pandemia o a algo relativo a ella en mi Instagram fue el 15 de marzo de 2020. La imagen en cuestión fue un meme en que me burlaba de no poder contribuir con una canción para el lavado de manos preventivo… porque no había subido ninguna a Spotify (y ni cuenta tenía). En la ubicación física salía la leyenda «Quédate en casa», como un recordatorio a la gente que debíamos cuidarnos si queríamos sobrevivir. Al día siguiente, presente veladamente mi Macbook pro usada que me había comprado ese verano para componer e iniciar labores de producción musical, siempre desde casa. Y desde ahí, varié levemente mi contenido para ofrecer al público que me leía o pasaba por mi Insta la experiencia de un blog, memes e instancias para ver, oír y leer sin moverse demasiado.

Luego, hubo un rediseño del estilo en que presentaba mis entradas de blog, lo que implicaba un acercamiento al estilo de página del blog, pero adaptado al Insta. Y así, lo hacía más identificable, para evitar que la gente se confundiera desde el Instagram al blog.

Asimismo, creé un logotipo, inspirado en ShenLong de Dragon Ball, en el que un dragón se enroscaba alrededor de una vara de Esculapio, como símbolo de que los otakus, anisingers, fans y geeks en general debíamos procurarnos la mejor información para la salud, además de facilitar y apoyar las medidas tendientes a disminuir los contagios y reforzar nuestra propia sanidad. Asumo que fue muy inspirador para la gente que me seguía en ese entonces.

Y asi como adapté mi estilo de redes sociales, también debí adaptarme desde Anisong Chile.

La 1ª publicación del Instagram de Anisong Chile que alude a la pandemia. Fue el 13 de marzo de 2020.

La primera publicación de la comunidad del anisong en la cual se mencionaba la pandemia, hacía referencia a un evento suspendido en Valparaíso, por las medidas solicitadas por el Gobierno para facilitar la distancia social y prevenir el contagio, lo que implicaba la suspensión de actividades masivas. Luego, lo primero que hice fue establecer en la mayoría de nuestras publicaciones la ubicación ‘Quédate en casa’ para hacernos eco de la recomendación del Ministerio de Salud para evitar la expansión del contagio. Era muy importante ubicar a Anisong Chile en el lado correcto de las acciones y no dar lugar a interpretaciones rebuscadas o teorías de la conspiración sin comprobación científica. Y luego, las publicaciones que siguieron insistieron en las recomendaciones como lavado de manos, uso de mascarilla, distancia social, etc. Las publicaciones de estilo ‘Big data’ o ‘Sabiduría Otaku’ referenciaban animés de médicos, resiliencia, cuidados, etc. para buscar destacar las virtudes de los lectores y hacerles acompañamiento durante este período difícil que se avecinaba. La idea era que los lectores de nuestras redes sociales no se dejaran abatir y que supieran que, a través de nuestras publicaciones, no los dejaríamos solos.

Conforme fue avanzando el tiempo, la gente se iba adaptando, asumiendo y haciéndose acompañar de este estilo de publicaciones de ambas cuentas. Pero faltaba algo. Era cierto que no podíamos reunirnos presencialmente, debido a las medidas de cuidado, pero si podíamos hacerlo virtualmente. De hecho, sobre todo para Anisong Chile, la opción de conciertos virtuales tomó bastante fuerza. Si había un momento para organizarnos y actuar, hacer acompañamiento y colocarle color al gris encierro, era justamente ese momento.

Muestra de un cartel de Anisong Chile promocionando el 1º de los ‘Lives’ virtuales.

Por tanto, primero muchos de nuestros colegas se plegaron a iniciativas en colaboración para dar conciertos virtuales. Pero pronto, surgió la oportunidad de que Anisong Chile realice sus propios conciertos virtuales remotos. Así fue que nuestra comunidad inició un ciclo de conciertos virtuales en vivo con anisingers de la comunidad. Estos mismos tuvieron una gran aceptación de parte de la audiencia de la comunidad, teniendo una participación notable a través de reacciones y de comentarios. Como Anisong Chile, estábamos muy contentos de lograr servir socialmente a nuestra nación y a la comunidad en tiempos particularmente difíciles. Y yo, como editor de la comunidad y colaborador voluntario de la misma a la que ya pertenecía, me sentía satisfecho al ver lo que estábamos logrando.

¿Se acuerdan que mencioné respecto del logotipo del Dragón del Esculapio para mis redes sociales personales? Hice algo similar para Anisong Chile. Diseñé un bastón lunar estilo Sailor Moon con una serpiente enroscándose sobre ella, y fue mi primer esculapio para la comunidad. Y el segundo que hice se inspiró en el esculapio de Dragon Ball que hice para mis propias redes sociales, pero el nuevo tenía colores. El de Sailor Moon también estaba pintado. Y pegué sucesivamente estos logos en las publicaciones que hacían referencia a temas sanitarios y sobre todo a la naciente campaña de vacunación. Estos esculapios acompañaron a la fotos de Lissette Chan, Claudio Guerrero, Black, Kenay y otros anisingers mostrando sus carnés de vacunación. Y aproveché de incluirme entre los fotografiados (yo también me vacuné).

Y si bien es cierto me tocó compartir trágicas noticias, como los fallecimientos del anisinger mexicano Ricardo Silva, y del cosplayer estadounidense Jarod Lee Nandin -ambos por complicaciones post COVID-19- además de un favorito personal, el comediante Ken Shimura de The Drifters por el mismo motivo, también me propuse reflejar el lado esperanzador y optimista aún en ese tiempo difícil. Cada publicación iba destinada a dar compañía y esperanza a la gente que lo necesitaba. Los anisingers y yo, como cabeza de mi proyecto personal, debíamos ubicarnos en el lado correcto de la historia y brindar cariño y amor a la gente que estaba encerrada en sus hogares, y que debía hacer el aguante y sobrevivir. Esta situación duró aproximadamente hasta mediados del 2021, casi un año y medio. El último confinamiento duró hasta el 18 de agosto de 2021, y fue en Panguipulli, en la Región de los Ríos, en pleno Sur de Chile. Ese mismo agosto de declaró superada la emergencia. Y la pandemia -en si siendo un mal recuerdo- nos trajo un tiempo de resiliencia, dedicación y servicio.


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